Machado campos de castilla

Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira; cambian la mar y el monte y el ojo que los mira.


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La madre en otro tiempo fecunda en capitanes, madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes. Castilla no es aquella tan generosa un día, cuando Myo Cid Rodrigo el de Vivar volvía, ufano de su nueva fortuna, y su opulencia, a regalar a Alfonso los huertos de Valencia; o que, tras la aventura que acreditó sus bríos, pedía la conquista de los inmensos ríos indianos a la corte, la madre de soldados, guerreros y adalides que han de tornar, cargados de plata y oro, a España, en regios galeones, para la presa cuervos, para la lid leones.

Antonio Machado (Campos De Castilla)

Y ya la guerra ha abierto las puertas de su casa. Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora. El sol va declinando. Por las colinas y las sierras calvas, verdes pradillos, cerros cenicientos, la primavera pasa dejando entre las hierbas olorosas sus diminutas margaritas blancas.

La tierra no revive, el campo sueña.

5 poemas de Campos de Castilla, de Antonio Machado - Zenda

Las tierras labrantías, como retazos de estameñas pardas, el huertecillo, el abejar, los trozos de verde obscuro en que el merino pasta, entre plomizos peñascales, siembran el sueño alegre de infantil Arcadia. En los chopos lejanos del camino, parecen humear las yertas ramas como un glauco vapor las nuevas hojas y en las quiebras de valles y barrancas blanquean los zarzales florecidos, y brotan las violetas perfumadas. Es el campo undulado, y los caminos ya ocultan los viajeros que cabalgan en pardos borriquillos, ya al fondo de la tarde arrebolada elevan las plebeyas figurillas, que el lienzo de oro del ocaso manchan.

Dos lentos bueyes aran en un alcor, cuando el otoño empieza, y entre las negras testas doblegadas bajo el pesado yugo, pende un cesto de juncos y retama, que es la cuna de un niño;. Bajo una nube de carmín y llama, en el oro fluido y verdinoso del poniente, las sombras se agigantan. La nieve. En el mesón al campo abierto se ve el hogar donde la leña humea y la olla al hervir borbollonea.

El cierzo corre por el campo yerto, alborotando en blancos torbellinos la nieve silenciosa.

Literatura

Un viejo acurrucado tiembla y tose cerca del fuego; su mechón de lana la vieja hila, y una niña cose verde ribete a su estameña grana. Padres los viejos son de un arriero que caminó sobre la blanca tierra, y una noche perdió ruta y sendero, y se enterró en las nieves de la sierra. En torno al fuego hay un lugar vacío y en la frente del viejo, de hosco ceño, como un tachón sombrío tal el golpe de un hacha sobre un leño.

La vieja mira al campo, cual si oyera pasos sobre la nieve.

Nadie pasa. Desierta la vecina carretera, desierto el campo en torno de la casa.

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La niña piensa que en los verdes prados ha de correr con otras doncellitas en los días azules y dorados, cuando crecen las blancas margaritas. La campana de la Audiencia da la una. Estos chopos del río, que acompañan con el sonido de sus hojas secas el son del agua, cuando el viento sopla, tienen en sus cortezas grabadas iniciales que son nombres de enamorados, cifras que son fechas. Conmigo vais, campos de Soria, tardes tranquilas, montes de violeta, alamedas del río, verde sueño del suelo gris y de la parda tierra, agria melancolía de la ciudad decrépita.

Son las tierras soleadas, anchas lomas, lueñes sierras de olivares recamadas.

Campos de Castilla de Antonio Machado

Mil senderos. Con sus machos, abrumados de capachos, van gañanes y arrieros. El coche rueda entre grises olivos polvorientos. En la plaza, mendigos y chicuelos: Donde estudió en la Institución Libre de Enseñanza. En volvió a París, en esta ocasión conoció a Rubén Darío. Entre y , realizó diversos viajes por España: Allí mismo, en Soria, se casó con Leonor Izquierdo en , a la que perdería pocos años después.

En marchó pensionado a París, donde estudió filología. Después de la muerte de su esposa, , se trasladó a Baeza donde ejerció de profesor durante siete años. En ingresó en la Real Academia Española. En esta ciudad le sorprende en el comienzo de la Guerra Civil. En al finalizar la contienda se exilia en sur de Francia y es internado en un campo de refugiados. En febrero de este mismo año consiguió residenciarse en el pueblecito de Collioure, donde moriría poco después y en cuyo cementerio reposan sus restos.


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  6. De esta época queda una importante obra en prosa, de tipo filosófico, Los Complementarios , publicada póstumamente, que constituye un conjunto de impresiones, reflexiones acerca de lo cotidiano y esbozos. En , publicó un libro en prosa, titulado: Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo , que constituye una colección de ensayos que le presentan como uno de los prosistas menos convencionales del siglo XX.

    La Guerra Civil le impulsó a escribir poemas de tipo circunstancial y político, como ocurre en La guerra, de , que no desdicen de su producción anterior. Elaboró una poesía de honda emoción humana que habría de ejercer notable influjo posterior y en la que, al margen de las alusiones a su vida intima, abundan los motivos y preocupaciones típicas de su generación: Las reflexiones de Machado, escritas a menudo en prosas dispersas, las atribuye al filósofo Abel Martín o a Juan de Mairena, discípulo de aquél.